Los perros nos reflejan
Lo que muchas personas no saben o no tienen suficientemente en cuenta es que los perros que nos son cercanos a menudo nos reflejan. Reconocen nuestros estados de ánimo e incluso huelen si estamos bien o mal. Pero también se dan cuenta cuando queremos engañarlos. Se plantea entonces la pregunta de cómo lo consigue el querido cuadrúpedo.
¿Cómo logran los perros reflejarnos?
Eso lo han confirmado también investigaciones que se ocupan de en qué medida los perros pueden comprender nuestro lenguaje corporal. Los expertos explican que los perros notan muchas cosas y saben casi todo. Al fin y al cabo, tienen todo el día tiempo para observarnos con atención. De ese modo saben a qué atenerse con nosotros. Por nuestra postura se dan cuenta de si tenemos intención de hacer algo con ellos o si, por ejemplo, queremos dejarlos solos. Con nuestro lenguaje corporal, en cambio, no pueden hacer gran cosa cuando ejecutamos un ejercicio de forma frenética o emitimos demasiadas señales a la vez. Los perros intentan leernos. Esta observación es de vital importancia para nuestros cuadrúpedos, pues solo así pueden adaptarse a nosotros de forma óptima.
- Percepción de los matices más finos del lenguaje corporal humano
- Reconocimiento de los estados de ánimo gracias al marcado olfato
- Reacción al tono y la entonación de la voz
- Adaptación del propio comportamiento a la atmósfera del hogar
Los cuadrúpedos reconocen nuestro ánimo por el tono
Para ello ayuda un ejemplo para entenderlo mejor. Un perro ladraba siempre fuerte cuando su dueña hablaba de su marido. Ocurría que ella tenía problemas con él y su voz se volvía entonces cada vez más fuerte y frenética. Como prueba se le pidió que hablara de su pintura. De inmediato su voz se volvió más baja y suave. El perro miró a su dueña y se relajó. También dejó de ladrar de inmediato. Eso funcionó en varios intentos. Como prueba, la adiestradora hizo que la dueña hablara de su pintura en voz alta y agresiva. Entonces el perro miró un rato, con rostro tenso, a su dueña y permaneció sereno. Se vio así que el perro conocía a su dueña mejor que muchos otros. Había captado que ese relato no encajaba con el tono. Era, pues, capaz de reconocer las declaraciones falsas de su dueña y de evaluar correctamente la situación.
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El contenido de estos artículos es solo para fines informativos generales y no reemplaza el diagnóstico ni el tratamiento de un veterinario. Esta información no constituye asesoramiento médico y no debe interpretarse como tal.