De tal amo, tal perro

«Los dueños de perros se parecen cada vez más a sus perros», afirma la sabiduría popular. Y en efecto, casi todos conocen un ejemplo correspondiente en su círculo de conocidos. Por lo general se habla de parecidos físicos, pero también ocurre a menudo que los dueños eligen un animal que, por su carácter, encaja especialmente bien con ellos. Pero en realidad no solo se pueden trazar paralelismos entre el dueño y su respectiva mascota, sino también de forma del todo general entre el perro y el ser humano. Pues los seres humanos y los perros se parecen en muchísimas cosas. Ambos son seres sociales que se definen por su papel en la comunidad. Por ello, también la convivencia de estas dos especies se configura a menudo de forma tan armoniosa. Y hay todavía otro paralelismo del que muchos no son en absoluto conscientes: las enfermedades. Pues los síntomas y la evolución son, en el ser humano y el perro, a menudo asombrosamente parecidos.
¿De qué enfermedades sufren los perros?
Naturalmente existen enfermedades específicas del perro, como por ejemplo la parálisis del teckel (hernia discal) o la displasia de cadera, «reservadas» casi exclusivamente a los perros. Aquí se necesitan naturalmente un diagnóstico y un tratamiento por parte de un especialista con formación veterinaria – sin duda. Pero en realidad los perros pueden sufrir casi todas las enfermedades que también podemos tener los seres humanos. También los desencadenantes y los síntomas de las enfermedades son a menudo idénticos.
Más de un atento dueño podrá confirmar que su perro, en invierno, respira a menudo con dificultad, le gotea la nariz y jadea ronco. Tales síntomas deberían ser siempre motivo para acudir a un veterinario. Es a este respecto útil trazar primero paralelismos con las dolencias humanas, para asistir al perro en su situación lo mejor posible.
Hay que admitirlo: no en todas las enfermedades es tan sencillo hacer un diagnóstico casero. No obstante, en caso de síntomas llamativos merece la pena buscar primero paralelismos con el ser humano, para hacer así también más fácil el diagnóstico por parte del veterinario.
Un poco de humanización
Pues al fin y al cabo el ser humano también es solo un animal – ¿por qué, pues, sus enfermedades o las formas de aliviar los síntomas deberían diferir tanto de las de otros animales? Dentro de cierto marco, delimitado por la razón, está por ello del todo bien «humanizar» al propio animal, juzgando enfermedades y dolencias según estándares humanos.
Un ejemplo: si una persona tiene fiebre, ¿nadie le exigiría, aun así, hacer su vuelta de jogging habitual, verdad? ¿Por qué, pues, un perro con fiebre debería, pese a la enfermedad, completar su paseo habitual? Mucho más le gusta, presumiblemente, hacer sus necesidades solo rápido delante de la puerta, para luego acurrucarse de nuevo en su sitio.
En este sentido: si tu perro está enfermo, piensa qué te sentaría bien a ti en su situación. El descanso y el calor sientan bien no solo a las personas enfermas, sino también a los animales enfermos. O, en otras palabras: ¡un poco de humanización a menudo no puede hacer daño!
La transferencia del ser humano al animal tiene sentido
Pero no solo en los cuadros clínicos sencillos, que a menudo se dejan tratar con descanso, se pueden trazar paralelismos entre el ser humano y el animal. Pues también cuadros clínicos más graves, como la diabetes, la artrosis o la insuficiencia cardíaca, se presentan por igual en el ser humano y el perro.
Es cierto que también en estas enfermedades más complejas los síntomas son casi idénticos a los del ser humano, pero, del mismo modo que aquí no te atreverías a un autodiagnóstico en el ser humano, tampoco deberías hacerlo con tu perro. El diagnóstico debe hacerlo un veterinario competente, y es él también quien decide sobre las posibilidades de tratamiento. Sin embargo, como dueño puedes ayudarle recopilando ya de antemano los síntomas observados, para hacer posible un diagnóstico correcto en primer lugar. Como apoyo al tratamiento veterinario, puedes además informarte sobre qué cuidado y qué comodidad se procura «el ser humano» en la respectiva enfermedad.
Esta transferencia del ser humano al animal tiene sentido sobre todo porque los perros no pueden comunicarse verbalmente con nosotros, los humanos, y así no pueden decirnos qué les sienta bien. Y si el perro mismo no puede hablar – ¿de qué mundo de experiencias deberíamos entonces nutrirnos, si no del propio? El ser humano, como ya se mencionó, al fin y al cabo también es solo un animal, por lo que se puede suponer que los mecanismos entre enfermedad y salud, malestar y bienestar funcionan de forma parecida. Antes de reflexionar, pues, sobre decisiones de gran alcance, busca siempre el consejo del veterinario, pues un tratamiento adecuado puede restablecer por completo la calidad de vida del animal.
Un buen ejemplo es aquí la diabetes: en los seres humanos está del todo claro para cualquiera que, con la medicación adecuada, es posible una vida totalmente normal. No obstante, muchos dueños piensan en la eutanasia cuando se enteran de que su perro tiene diabetes. ¡En estos (y en muchos otros!) casos hay que cambiar de mentalidad! Quien, como dueño, asume la responsabilidad de un animal no debería, en caso de enfermedad, echarse atrás a la hora de apoyar a su perro según su leal saber y entender. Al fin y al cabo, se acostumbrará rápido a las medidas de cuidado y disfrutará del tiempo de vida adicional que le has procurado de este modo.
Al fin y al cabo, en caso de enfermedad es, pues, incluso del todo aconsejable humanizar al propio perro. Y eso no significa expresamente ponerle pequeños jerséis y similares. Humanizar debería más bien significar que se le atribuyen también a un animal sentimientos y emociones y que se recurre al repertorio humano de consuelo y cuidado para ayudar al perro. Al hacerlo, sin embargo, nunca deberías perder de vista que un perro sigue siendo un perro y no un ser humano – pero, seamos sinceros: eso de todos modos no lo harías, ¿verdad?
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El contenido de estos artículos es solo para fines informativos generales y no reemplaza el diagnóstico ni el tratamiento de un veterinario. Esta información no constituye asesoramiento médico y no debe interpretarse como tal.