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La leishmaniosis – la enfermedad canina bajo la lupa

Perro

Suena como una escena de una película de terror: diminutos parásitos que devoran a su huésped literalmente desde dentro, sin que este pueda impedir a los pequeños intrusos hacerlo. Pero aquí no se habla de una espeluznante criatura de fantasía, sino de una infestación parasitaria bien real: la leishmaniosis.

La leishmaniosis – una enfermedad tropical de viaje

La leishmaniosis fue considerada durante mucho tiempo una pura enfermedad tropical. Puede aparecer en muchos mamíferos distintos, el ser humano incluido. La mayoría de los casos, sin embargo, se dan entre nosotros en el perro doméstico. Las diminutas leishmanias se transmiten por la picadura del flebótomo, que durante mucho tiempo se consideró un insecto de los trópicos. No obstante, este insecto se extiende ya también por la zona mediterránea – y con él las leishmanias. Ese es uno de los motivos por los que la leishmaniosis se asocia a menudo, injustamente, de forma generalizada con la protección animal en el extranjero. Pero el flebótomo y sus patógenos avanzan: también en Alemania se han capturado ya ejemplares de flebótomo, que demuestran que la leishmaniosis ha llegado ya hace tiempo también a nuestras latitudes.

Síntomas típicos de la leishmaniosis y curso de la enfermedad

Las leishmanias mismas son diminutos patógenos. Apenas han penetrado en el cuerpo por la picadura, empiezan a destruir las células de su huésped. Se multiplican en las células y las atacan luego desde dentro. Al hacerlo, van sobre todo a por las defensas inmunitarias del animal, de modo que, con el avance del curso, se llega cada vez más a reacciones inmunitarias difusas: inflamaciones inespecíficas, úlceras y degeneraciones celulares son síntomas típicos. También la diarrea, una cojera aparentemente sin motivo y la falta de apetito son otras señales de la fase inicial.

Mientras que al principio, por lo general, está afectada sobre todo la piel, los síntomas se extienden con el tiempo cada vez más, hasta que finalmente está afectado todo el cuerpo y también los órganos internos sufren daños crecientes. Las reacciones son entonces tan confusas que se puede llegar a hepatitis, insuficiencia renal, inflamaciones de la médula ósea, neuritis y muchas otras enfermedades, que pueden ser no solo sumamente dolorosas, sino también mortales. En efecto, la leishmaniosis, considerada a largo plazo, tiene casi siempre un desenlace mortal, pues para la infestación por leishmanias no existe todavía una curación completa; solo es posible un alivio.

Terapia y posibilidades de tratamiento

Como actualmente todavía no existe una curación completa para los animales enfermos de leishmaniosis, la mayoría de los enfoques terapéuticos apuestan por un alivio de los síntomas, una detención de la propagación de las leishmanias en el cuerpo así como un apoyo de las defensas propias del organismo.

Si la enfermedad se detecta a tiempo, el veterinario puede administrar, según la tolerancia, distintos medicamentos que, con una toma constante, impiden a las leishmanias seguir propagándose por el cuerpo y afectar a otros órganos y regiones corporales. De ese modo, incluso un perro enfermo puede a menudo llevar todavía una buena vida con los parásitos. Otras medidas de precaución no son necesarias aquí, tanto más cuanto que un contagio por el contacto de perro a perro en la fase temprana está prácticamente descartado. Un seguimiento veterinario estrecho es, sin embargo, en caso de leishmaniosis, siempre imprescindible para mantener la enfermedad bajo control.

Perros del extranjero y leishmaniosis

Como la propagación del flebótomo lleva actualmente, sobre todo en la zona mediterránea, a un fuerte aumento de los casos de leishmaniosis, la enfermedad se asocia a menudo también con la protección animal en el extranjero. Más de uno arruga la nariz ante el hecho de que animales enfermos entren en el país y lleven en sí los patógenos. Naturalmente, toda organización responsable de protección animal debería testar de antemano a sus perros (y por supuesto también a sus gatos) para distintas enfermedades y también para la infestación por leishmaniosis – un riesgo para el patrimonio animal local, sin embargo, apenas es de temer. Pues las leishmanias se propagan en efecto casi exclusivamente por la picadura de un flebótomo infectado; una transmisión directa de perro a perro está, por lo general, descartada. No obstante, es justo en las lesiones cutáneas abiertas, que pueden aparecer en la fase tardía, donde se encuentran muchos patógenos activos. Si estos se llevan directamente al torrente sanguíneo (por ejemplo por el contacto con heridas abiertas), pueden también provocar infecciones.

Mucho más problemática se muestra la creciente propagación del flebótomo: pues aunque actualmente solo se detectan flebótomos aislados en nuestras latitudes, es, a la luz de la actual evolución climática, no obstante preocupante cómo un insecto de los trópicos puede volverse autóctono entre nosotros. La única protección realmente eficaz contra una infección consiste en proteger de la picadura a uno mismo y a su animal mediante repelentes de insectos. En este contexto, se desaconseja también encarecidamente llevar consigo a un perro sano si las vacaciones se van a pasar en una zona de leishmaniosis conocida con una fuerte población de flebótomos.


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