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Un elogio al Boyero de Berna

Un magnífico Boyero de Berna en la naturaleza El Boyero de Berna es uno de los animales más hermosos y una de las razas caninas más queridas del mundo. Incluso en América se lo menciona en el 30.º puesto de los perros más queridos. Es sumamente interesante leer alguna vez sobre el Boyero de Berna y su historia. Y sin embargo esta originaria raza de perros de granja estuvo a punto de ser desplazada por el mucho más popular San Bernardo.

La historia del Boyero de Berna

El nombre originario del Boyero de Berna era en realidad Dürrbächler. Se lo llamó así por ese pequeño pueblo, que constaba únicamente de dos casas y comprendía una posada y una granja. Situado en un áspero paisaje al sur de Berna, había allí muchas granjas aisladas, la mayoría con algunas vacas. Era habitual tener un robusto perro de granja como guardián del ganado y de la casa. Servía además también como perro de tiro, y los perros estaban magníficamente marcados con un manto negro. La superstición de entonces afirmaba, en efecto, que los perros negros podían expulsar al diablo.

Un protector con un corazón de león

También se escribió sobre él en la literatura, como por ejemplo el escritor suizo Jeremias Gotthelf. En su obra titulada «Michels Brautschau» se describe a Bari. Allí se lee que era un perro del todo excelente, con un corazón de león y sentido común, en cuya presencia a nadie le convenía tocar a Michel. Cuando la hija del granjero fue importunada por un calderero forastero, soltó a Blass. Este miró a la muchacha como si la comprendiera y la protegió con solicitud. Bari, Bassi y Ringgi – así se llamaban los boyeros típicos de aquella época.

  • Origen como robusto perro de granja y de guarda en Suiza
  • Empleo como vigoroso perro de tiro para el transporte de leche y mercancías
  • Carácter apacible combinado con gran vigilancia
  • Profundo vínculo y fidelidad hacia toda la familia

Cómo el Dürrbächler alcanzó gran fama

Su carácter originario no ha cambiado hasta hoy, aunque por lo general ya no tengan que pastorear. Son grandes, capaces de defenderse y dispuestos a proteger, pero también marcados por una gran sensibilidad. Al principio estos maravillosos perros no eran muy conocidos, ya que vivían en una zona solitaria. Eso cambió cuando, en el año 1857, la línea de ferrocarril entre Basilea y Berna introdujo un servicio regular de diligencias. Este pasaba también por Dürrbach. Allí los viajeros de paso vieron entre los habitantes perros tricolores y peludos similares.

Algunos años después se fundó en Suiza una asociación cinológica, y en el año 1902 esta organizó una exposición canina con 320 perros. Por la diligencia se enteraron de ello los habitantes de Dürrbach y presentaron sus perros con el nombre de Dürrbächler. Estaban orgullosos y fueron también elogiados en el periódico. Fritz Probst, que ya de niño había tenido contacto con los amables y apacibles perros gigantes, se comprometió entonces con la cría en pureza. En el año 1904 cuatro perros fueron premiados, y eso supuso el gran avance. De repente los perros hallaron atención suprarregional.

Una educación coherente para el gigante bondadoso

En el año 1913 se lo rebautizó como Boyero de Berna y, gracias a una buena cría, pudo modelarse en un perro uniforme. Es hermoso, esponjoso, valiente y franco. La convivencia con él es muy agradable si se respetan algunas reglas. El Boyero es por naturaleza independiente, necesita un contacto estrecho con su familia y, ya desde pronto, una educación para que se una a su humano. Debería vivir en la casa y no quedarse, por ejemplo, solo en el jardín. Allí podría volverse incontrolable, lo que con su fuerza no está exento de peligro. Hay que dominarlo con la voz, razón por la cual el ejercicio de los comandos es muy importante.

Un corazón sumamente sensible

No obstante, el hermoso es a veces un poco flemático. Cuando no quiere, a menudo hay poco que hacer. De cachorro es tan mono que se tiende a dejarle hacer. Pero de un cachorro testarudo nace luego un gigante testarudo, lo que se debería evitar. La persona de referencia debe entonces intentar motivarlo, por ejemplo con bocados de recompensa, elogios o con la querida pelota. La sola severidad no es apropiada, pues el hermoso gigante posee un corazón sensible. En el peor de los casos se pierde su confianza. Pero una vez conquistada esta, se tiene en el Boyero un amigo para toda la vida. Empezará por sí solo a vigilarlo todo y a proteger a su familia, ya que eso lo lleva desde siempre en la sangre. Posee mucho humor y un marcado instinto de juego. Ama a su familia hasta tal punto que incluso puede rechazar la comida cuando sus humanos no están presentes por una vez.


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